La defensa costera de Mallorca (III): De la Gran Armada a la Guerra de los Treinta Años

Como comentamos en el anterior articulo de esta serie, poco antes del envío de la Gran Armada los Jurats de la Ciutat de Mallorca, remitieron a Felipe II consulta referente a la necesidad de remprender los trabajos en las fortificaciones de la Ciutat, sin respuesta. El silencio se mantiene hasta 1595, cuando se dirige un nuevo memorial al rey manifestando la falta de trabajos en las murallas, y la necesidad de estas fortificaciones. Lo hecho se caía por falta de acabado y de mantenimiento, y se solicitaba que se destinase la contribución de la Bula de la Santa Cruzada para las obras de las fortificaciones. La consulta fue transmitida al Consejo de Aragón y de allí se solicitó al nuevo virrey, Ferran de Sanoguera, quien ya había impulsado anteriormente los trabajos en las fortificaciones de Giacomo Fratino en Eivissa, que pasara relación de la fortificación y defensa de Mallorca.

El informe es desolador: la fortificación está en el peor estado que nunca estuvo, que aunque se ha hecho mucho, las aguas llovedizas separan las murallas de las cortinas y caballeros, que antes estaba cerrada la ciudad con muralla buena o mala y ahora está abierta por muchas partes, que lo que falta es dinero, que el secretario de S.M. Andrés de Prada, en 11 de diciembre pasado, había mandado proveer con diez mil ducados, que no habían llegado, y que enviándose estos la ciudad daría otros tantos, que son veinte mil en total, que las necesidades para la defensa en armamento y municiones eran muchas. Tras una relación de dichas necesidades el virrey vuelve a insistir en la necesidad de dotar de dinero a la obra para su término.

La respuesta del secretario solicitó saber en cuanto tiempo y con cuanto dinero se podría poner en buen estado de defensa la ciudad, y la cantidad que sumaban los sueldos de la gente de guerra del Reino de Mallorca. La respuesta no se hace esperar, solicitando 200.000 ducados y dos años de trabajos para ejecutar el diseño de Fratino. Sobre la milicia, esta consta de “entretenidos” cuyo sueldo subía a 200 escudos de a 10 reales. En las obras de la muralla, de acuerdo con el Consejo de Aragón, se llevaban gastados 140.000 ducados.

En septiembre  de 1596 finalmente el rey envía sus 10.000 ducados, y ordena que se destine al capitán Juan Alonso Rubián, entretenido en Eivissa con 35 ducados, a ocuparse de las fortificaciones de Mallorca. Es en este momento que se levantan las dos plantas de Antoni Verger con la traza de Fratino, la primera de las cuales ilustraba el artículo anterior. Ese mismo mes, se remiten las trazas y el informe del virrey por parte de su majestad a Tiburzio Spannocchi quien tenía a su cargo la coordinación de los planes de fortificaciones. Los problemas  económicos seguirán siendo la rutina de las comunicaciones. En 1597 muere el capitán Juan Alonso Rubián, pasando la dirección de las obras a Antonio Saura, con un sueldo de 15 ducados.

Segundo plano de Antoni Verger con la traza de los nuevos baluartes (1596).  Disponible en formato PDF a mayor tamaño en la bitácora Alta Mar

En 1598 al fin llega orden de la Corona, a través del príncipe, por enfermedad de su padre, para aplicar a las obras el dinero procedente de la Santa Cruzada en las islas a la obra de las fortificaciones. El Consejo de Aragón insiste en diversas ocasiones que la traza se ajuste a la ya diseñada, pues el virrey parece ser que tenía otros planes de aumentar las defensas. Esas diferencias se debieron resolver con el viaje de Antonio Saura en 1602 a la Corte para entrevistarse con Spannocchi, a la sazón ya Ingeniero Mayor, quien autorizó los cambios propuestos por Saura para adecuar la obra a las nuevas técnicas de ingeniería militar.

En 1606 morirá el virrey Sanoguera, siendo substituido por Joan de Vilaragut, quien en 1607 propondrá la construcción de la Torre de Portopi, obra que obligó al traslado del faro de Portopí y que sería el embrión del futuro castillo de Sant Carles, aunque su muerte en 1610 le impediría ver la obra concluida en 1612. Vilaragut será también responsable de retomar los trabajos para el desvío de la Riera, un plan presente desde los tiempos de Jaume II de Mallorca. Así el 26 de octubre de 1610 Antonio Saura emitió su informe, a petición del virrey:

Yo he vist y regonagut y tantegat lo que costaría al mudar la Riera que no entre per dins de la Siutat y sa li pot donar aviamente per lo vaill de la nova fortificasio a la part de Santa Catalina y ancara que esats obras solen asar mes costosas de lo ques pensé estas fará en sis ho vuit mil ducats y ancara que costas molt mes conve ques fasa a ser da profit tot lo ques gasta en dita fortificasio y girant se rosta dosa dita Siutat y ab la perfeczio ques dasitja para la custodia y guardia della y aso dich par la speriencia que tench da trenta anys esta part destas hobras y haber ho vist de mos propis huyls a 26 de octubre de 1610. Antonio Saura.

La propuesta fue enviada a la Corte, sin haber constancia de respuesta alguna, y la idea fue retomada por su sucesor, Carlos de Coloma. La obra fue ejecutada entre 1613 y 1618. Este último año se iniciará un conflicto que marcaría la Europa de la primera mitad del siglo XVII: La Guerra de los Treinta Años.

Inspección de armas de una compañía del Regimiento de Voluntarios de Mallorca de 1808 ante el castillo de Sant Carles.

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