La Font del Sepulcre

Muy cerca de una de las principales arterias comerciales de Ciutat encontramos la Font del Sepulcre. Esta estructura, a un tiempo fuente y aljibe, forma parte del entramado que hacía llegar desde la Font de la Vila el agua a la población de Ciutat desde sus orígenes. Una estructura sencilla que reúne en su conjunto una serena belleza y el testimonio de más de diez siglos de historia.

La primera documentación de la fuente data del siglo X, durante la dominación árabe de Mallorca. En este lugar se alzaba una de las seis mezquitas de la Madina Mayurqa, denominada en las fuentes cristianas como Dabdolmelé, y la actual Font del Sepulcre conserva el brocal de la fuente destinada a las abluciones de los fieles. Tras la conquista de Mallorca, esta mezquita fue parte del lote de Guillem de Montcada.  Su hija Constança donará a la Orden del Santo Sepulcro la mezquita en 1232, recibiendo la orden de su hermano el vizconde de Bearn, Gastó de Montcada, algunas alquerías en la zona de Alaró. Guillem de Montcada y su primo Ramón de Montcada fueron enterrados en la iglesia levantada sobre la mezquita musulmana, antes de ser trasladados sus restos al Monasterio de Santes Creus.

Los caballeros del Sepulcro mantuvieron la iglesia durante casi 50 años, y durante ese tiempo fue cuando se edificó el templete que podemos ver hoy día. En 1280 los caballeros vendieron sus posesiones mallorquinas a la casa real de Mallorca, según fue acordado en su casa capitular de Santa Anna de Barcelona entre el prior de dicha casa, Raimon Vilalta, y el consejero de Jaume II, Guillem de Puigdorfila.

En 1284 el rey haría donación a su vez de estos bienes a Guillem de Puigdorfila, con la obligación de mantener una capellanía y un sufragio permanente por el alma de Guillem de Montcada. La iglesia se mantendría hasta 1843, cuando fue afectada por la desamortización de Espartero, y fue convertida en talleres y viviendas. El edificio desapareció algunos años después a causa de un incendio.

Pero la Font del Sepulcre también tiene su crónica negra. En 1459 fue ajusticiado Barthomeu Cantarelles, autor confeso del asesinato de su cuñado, niño todavía, lanzado y ahogado en la Font del Sepulcre, con el objeto que sus bienes pasasen a su mujer.  Fue ahorcado hasta morir en las horcas del puerto, y luego llevado su cadáver a las horcas del Pont d’Inca para público ejemplo y escarnio.

Vista de la Font del Sepulcre desde la calle Concepció

Vista del templete

Vista del templete

Inscripción conmemorativa de la restauración de la Font del Sepulcre (1995)

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