Bateria de costa de S’Horta

Dins del terme municipal de Felanitx es troba la petita població de S’Horta. Dominant-la s’alça el Puig de sa Lleona, que pren el nom de una escultura realitzada per un dels soldats destinats a la bateria costera situada damunt d’aquest turó. La població actual de S’Horta te el seu origen a mitjans de segle XIX, i és a l’any 1936 quan s’instal•la en aquest punt la bateria de costa. Als anys trenta la Marina espanyola inicià un procés de renovació, retirant progressivament els cuirassats i creuers botats a finals del segle XIX i inicis del XX com a conseqüència directa de la necessitat de contar amb una flota capaç d’enfrontar-se a la dels Estats Units per la defensa de Cuba i les Filipines. Aquests vaixells als anys trenta ja estaven clarament obsolets i eren molt inferiors en la seva construcció a les modernes unitats amb que contaven els països de la resta de Europa. No obstant aquestes unitats estaven armades amb bons canons, superiors als Ordoñez reglamentaris de les bateries de costa. Amb la retirada d’aquest vaixells l’Armada obtingué un bon grapat de canons que anirà cedint a l’exèrcit per armar noves bateries de costa, especialment a partir de 1932, quan entre d’altres, s’entreguen a l’exèrcit 24 unitats Schneider Canet de 14/75 cm (fabricats l’any 1897) procedents del cuirassat Pelayo i dels creuers Princesa de Asturias, Cataluña i Rio de la Plata.

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Creuer Rio de la Plata, muntava els canons Schneider Canet en torretes a proa i popa.

Aquests 24 canons arribaren a Mallorca al mes de juny de 1936, esperant el seu destí definitiu, ja que a l’escenari  d’inestabilitat a la Mediterrània que s’havia creat amb les pretensions imperials de la Itàlia feixista (invasió d’Etiòpia al 1935-1936) obligà a reestudiar i renovar els plans de defensa de la costa. Amb l’inici de la Guerra Civil i restant Mallorca en mans dels militars sublevats, l’illa és objecte de la invasió republicana l’agost de 1936, comandada pel capità d’aviació Alberto Bayo, refusada gracies a la intervenció italiana finançada en bona part pel banquer i polític Joan March.

Sembla ser que aquesta bateria de S’Horta no estava operativa en el moment del desembarcament del capità Bayo, però ben aviat es va posar en servei, constant com a operativa l’any 1937. Contava amb 4 dels canons Schneider Canet arribats al juny, amb les característiques següents:

Any de fabricació: 1897

Calibre (cm): 14/45

Abast (m): 15.100

Velocitat de sortida del projectil (m/s): 830

Pes del canó (kg): 4.642

Pes dels projectils (kg): 36-40

Camp de tir vertical (graus): 25

Camp de tir horitzontal (graus): 360

Tirs per minut: 6-10

Aquestes bateries romandran actives al menys fins l’any 1957. La seva retirada es produí entre els anys 1965 i 1970, any en que ja consten oficialment com inactives. La retirada dels canons i l’abandó dels terrenys per part de l’exèrcit han contribuït a l’estat actual, ruïnós i lamentable, de les instal·lacions.

Sa Lleona. Vista frontal

Sa Lleona – Vista lateral

Caserna de guàrdia

Sala de control de tir. Al fons la pujada cap a la plataforma del canó

Pujada cap a la plataforma del canó.

Sortida a la plataforma.

Estació d’observació

Plataforma d’un dels quatre canons. S’observa el punt de muntange i la pujada de municions a la esquerra de la imatge.

La plataforma d’un altre canó.

Plataforma d’un tercer canó. El quart no era accesible.

Arribada de l’ascensor de municions.

Vista des de les bateries cap a la costa, situada a un tres quilòmetres.

 

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La defensa costera de Mallorca (IV): De la Guerra de los Treinta Años a Vicenç Mut

En 1618 el corazón de Europa estalló en llamas. En mayo estalla la rebelión de Bohemia, con el lanzamiento por parte de los representantes de la aristocracia, principalmente protestante, de los enviados del Emperador y su secretario por una ventana del castillo de Hradcany en Praga, en la conocida como Tercera Defenestración de Praga. Ninguno sufrió daños, pues cayeron en un montón de estiércol que hizo que lo más grave fuera el desmayo de uno de los enviados imperiales, pero fue el detonante de la Guerra de los Treinta Años, en la que en algún momento u otro todas las potencias europeas se vieron involucradas y se configuraron las bases de la realidad europea hasta la revolución francesa y las guerras napoleónicas.

Gravado ilustrando la Defenestración de Praga de 1618

Grabado ilustrando la Defenestración de Praga de 1618

Mientras tanto Mallorca, alejada del teatro de la guerra, concluía las obras del desvío de la riera, que no debían haber quedado acabadas a satisfacción, ya que el 28 de septiembre de 1618 la riera desbordó su cauce, rompió el codo de desvío e inundó su cauce original, entrando por la puerta de Jesús. Según Campaner rompió las dos puertas exteriores que eran “nuevas y recias, e hizo cuatro pedazos la interior, yendo a parar una de las primeras al puente del Borne, al extremo de la calle de San Jaime, y la otra a la horca del muelle… se llevó la tierra con que se estaba cegando la Riera vieja desde el llano del Carmen hasta el Borne, el cual inundó de parte a parte, llenando las casas d ambos lados con más de 8 palmos de agua, y siguió invadiendo casas y arrastrando muebles… con gran tribulación de los vecinos de aquellos sitios”.

A finales de ese año el ingeniero Antoni Saura se desplazó a Madrid a petición del Consejo de Guerra, para informar del estado de las fortificaciones de la ciudad, según recoge el informe dado al Ingeniero Mayor Gerónimo de Soto: “que los diez valuartes, y nueve cortinas, que cierran la Ciudad por la parte de tierra está hecha la fábrica de los seis hasta el cordón, y de allí arriva cuatro pies, y los cuatro restantes están levantados de cantería labrada hasta la mitad, y falta para la perfección de los seis valuartes, acabar de servir el parapeto, y dalle su tambor con sus troneras, como está ordenado”.

A este informe se añadía ahora el interés por la muralla de mar, no modificada hasta la fecha, y solo adaptada a las necesidades más imperiosas.  Así se proponía demoler la plataforma del muelle, reedificándola con capacidad para veinte piezas de artillería,  una nueva factura para la puerta de mar, ya que esta era la más principal para el comercio, el cierre de la muralla en la salida de la Riera, y por último que “el baluarte nombrado Berarto por ser redondo y no tener bastante capacidad se ponga de la misma forma que el del muelle y que ambos se levanten hasta treinta pies de alto”. Las propuestas, trazadas por Antoni Saura, y rediseñadas por Gerónimo de Soto, tuvieron el visto bueno del Consejo de Guerra y la aprobación real.

No hay constancia de la duración de las obras, excepto por la puerta del Muelle, iniciada el 15 de junio de 1620 y acabada ese mismo año.  Actualmente la puerta se levanta entre el Consolat de Mar y la Llotja, después de su derribo en 1879 y reconstrucción en 1887.

La obra fue progresando según lo previsto, hasta la muerte de Saura en 1634. En ese momento el rey reclama del conde de Santa María de Formiguera, Procurador Real de Mallorca, un nuevo informe sobre el estado de la fortificación y, si era menester, un posible susbtituto para Antoni Saura. El 1 de junio el procurador contesta a Felipe IV, señalando que había mucha cosa hecha, y mucha por hacer. Los baluartes, fosos, casamatas y cortinas no están concluidos, y el procurador se queja que los virreyes abandonaban las obras principales para iniciar otras, y requiere de la necesidad de la fortificación del lado de mar. Con respecto al nuevo ingeniero, propone una terna, de la cual el Consejo de Aragón votó a Antonio Mir de Ramis.

No obstante estas quejas y faltas, se da por bueno el año 1623 como el de conclusión del proyecto de Fratín, con los añadidos de Antoni Saura, a saber: el añadido del baluarte de Zanoguera y la nueva fábrica de los del Moll y de Berard. No habrá nuevas intervenciones hasta 1640, cuando se nombra por primera vez un Ingeniero Militar de Mallorca (tras más de 75 años de obras en la fortificación de la ciudad), que será el insigne Vicenç Mut i Armengol.

Estado actual de la Puerta de Mar, en su moderna ubicación.

Estado actual de la Puerta de Mar, en su moderna ubicación.

El Baluard de Sant Pere

El pasado jueves, aprovechando una jornada de puertas abiertas, realizamos una vista al Baluard de Sant Pere, que acoge en su interior el Museu d’Art Modern i Contemporani.

El baluard de Sant Pere, de Santa Catalina o de la Creu (que todos estos nombres ha recibido) es el más antiguo de cuantos configuraron la muralla renacentista de Palma, iniciándose su construcción en el año 1575, y estando acabado en 1578, bajo la dirección de Giacomo Palearo Fratino. El baluarte que contemplamos hoy, no obstante, no es el mismo de aquella época, pues este, según se observa en el plano de Antoni Garau de 1644, es uniforme con la altura de la muralla de mar, faltando el segundo cuerpo que da al baluarte su imagen actual. Además se observa un pequeño baluarte cuadrado en el lado de mar, situado en el interior del actual baluarte.

La imagen actual parece ser obra de las modificaciones de los ingenieros Vicenç Mut i Armengol entre 1638 y 1654, quien hizo elevar la altura del baluarte para uniformarlo con los d’en Moranta y del Sitjar, y  Martín Gil de Gainza, entre 1697 y 1728, cuando se modifica la línea de mar.  En cualquier caso este se debió edificar entre los planos de 1644 de Antoni Garau, y el de 1728 del nuevo cuartel proyectado por Gil de Gainza detrás del baluarte. Su nuevo volumen le permitía el tiro sobre el vecino barrio de Santa Catalina.

Como se observa en este último plano el interior del baluarte contiene un aljibe, parte de la red de agua que abastecía la Ciutat desde la Font de la Vila, recuperado actualmente, con una superficie de 353 m2, donde se aplicaron técnicas tradicionales de construcción como la espina de pez.

Interior del aljibe.

Interior del aljibe.

Lateral del aljibe.

Lateral del aljibe.

Detalle de construcción en paredes de cabeza y fondo.

Detalle de construcción en paredes de cabeza y fondo.

Detalle de construcción en espina de pez.

Detalle de construcción en espina de pez.

Durante el siglo XIX y XX albergó un cuartel de artillería, hasta 1952 en que se desafecta del uso militar. En 1962 un grupo inmobiliario adquiere los terrenos, con la intención de edificar viviendas en su interior. A este objeto se excava el terraplenado de la parte superior del baluarte, y en 1963 se producen varias explosiones que dañan la fábrica de la muralla. Al parecer fueron provocadas a fin de posibilitar una declaración de ruina y la liberación de los terrenos para su uso. Afortunadamente la respuesta popular no se hizo esperar y en 1965 se procedió a su reconstrucción.

En 1988 los terrenos fueron expropiados y recuperados para su uso público, aunque el estado de abandono prosiguió hasta 1997, cuando el Ajuntament de Palma los cede para la edificación de un museo de arte moderno y contemporáneo. El museo ha ocupado el interior del baluarte superior, manteniendo únicamente su exterior, y ha permitido recuperar el aljibe.

Personalmente el museo en si no me interesó demasiado. En la parte superior del mismo se puede acceder al “paseo de ronda” que permite seguir la muralla. Un paseo de ronda que no deja de ser una invención, pues cuando miras hacia el interior del baluarte ves la mole de hormigón que se hospeda entre los muros de la vieja muralla. En mi opinión el museo podría haber quedado enterrado, recuperando el volumen y las rampas originales del baluarte, lo cual permitiría comprender mejor su sentido.

Vista del baluarte desde el puente de Santa Catalina.

Vista del baluarte desde el puente de Santa Catalina.

Espacio de acceso al baluarte.

Espacio de acceso al baluarte.

Terraza del baluarte inferior.

Terraza del baluarte inferior.

Ubicación de la antigua puerta de Sant Pere

Ubicación de la antigua puerta de Sant Pere

Muralla medieval y torre musulmana.

Muralla medieval y torre musulmana.

Vista del baluarte superior.

Vista del baluarte superior.

Impacto paisajístico: escultura de Calatrava ocultando la Seu.

Impacto paisajístico: escultura de Calatrava ocultando la Seu.

La Seu desde el baluarte superior.

La Seu desde el baluarte superior.

Iglesia de la Santa Creu desde el baluarte superior.

Iglesia de la Santa Creu desde el baluarte superior.

El Passeig Mallorca desde el baluarte superior.

El Passeig Mallorca desde el baluarte superior.

El exterior del baluarte mirando la riera desde una de las garitas de guardia.

El exterior del baluarte mirando la riera desde una de las garitas de guardia.

El fortín de Torre d’en Pau

La Torre d’en Pau constituye una de las fortificaciones históricas de la bahía de Palma, trazándose su historia hasta el siglo XVI, formando parte de la red de torres de vigilancia que había de avisar de cualquier incursión en las costas mallorquinas.

La torre primitiva, al parecer datada en el siglo XIV, fue substituída en 1667, según constaba en la lápida sobre su entrada por otra nueva, puesto que se encontraba en mal estado. Dicha lápida fue recogida del mar por D. Rafael Isasi, quien hizo depósito de la misma en la Societat Arqueològica Lul·liana en 1902, según figura en la descripción del boletín de esta Societat:

Una lápída conmemorativa fragmentada incompleta, hallada en las inmediaciones de la inutilizada Torre d’en Pau.

Con hermosos caracteres romanos grabados esmeradamente dice:

……………………………………….. Rey D. Carlos II ……………………… D. Mariana de Austria su …………………………siendo virrey y Capn. Gl. De esta isla el muy illmo. Sr. D. Rodrigo de Borja Lancoli del hábito de Santiago, jurados los mgcos. Salvador de Oleza, Gerónimo Pont y Desmur, Antonio Garrido, Juan Moiia, Jaime Mateo Suñer y Jayme Molinas Capitan de la Compañia de este barrio, Juan Bautista Brondo. Edificó esta torre Miguel Roig, á sus costas de orden de su Illmo. y magnifico Jurado sostla protección del glorioso S. Alberto a XXIV abril, MDCLXVII

Miguel Roig no fue únicamente el constructor, sino que tuvo a su cargo el mantenimiento y la guarda de la misma, concesión renovada en  1699 a su descendiente Pau Roig, de quien tomó el nombre popular, quedando el de Torre de Sant Albert en el olvido. La torre estaba rodeada de foso y puente levadizo, así como tenía a su pie dos baterías para cinco cañones de ocho libras cada una, que unidos a los dos que podían montarse en la torre constituían un importante emplazamiento artillero.

Torre de Sant Albert, según dibujo de Ignasi Galiana

Esta torre original no se encontraba en el emplazamiento del actual fortín, sino en la punta conocida como el Peñón actualmente, y tradicionalmente con el nombre de Cap Romaní o Punta de Sa Torre.

A finales del siglo XIX se tomó la decisión de susbtituir el puesto artillero existente, y ya bastante deteriorado por la falta de uso, por un fortín moderno que se situaría en una posición superior. Se aprueba en 1888 un anteproyecto, seguido por un primer proyecto en planta pentagonal, con foso y dotado de ocho cañones en los flancos de mar. Posteriormente se reduce el proyecto, manteniendo los dos flancos artillados hacia el mar y cerrándose la fortificación en forma trapezoidal.

La construcción se realizó entre 1892 y 1897. Los muros del flanco de tierra estaban dotados de aspilleras para la fusilería, y en los flancos de mar montó ocho cañones, contando con amplios pabellones subterráneos para la guarnición, almacenes, polvorín, etc., convirtiéndose en uno de los puntos de referencia de la defensa de la bahía, junto con los fortines de Illetes, Cap Enderrocat y el castillo de Sant Carles.

Proyecto de la batería de Torre d’en Pau. 1895.

El fuerte perdió su uso durante el siglo XX, pese a colocarse en su interior dos baterías antiaéreas durante la guerra civil, pasando a un estado de abandono a partir de los años sesenta.  En 1975 su propiedad pasa al Ajuntament de Palma, a petición de los vecinos, para ser destinados sus terrenos a parque público.

Lamentablemente el abandono se prolongó hasta la inauguración en 1991, siendo desde entonces su estado variable en función de la atención de la administración a este rincón.  Durante los años de gobierno de Jaume Matas se proyectó situar aquí el centro de visitantes y administración del Parc Nacional de Cabrera, valorado en 10 millones de euros, que finalmente fue llevado a la Colonia de Sant Jordi, con un monumental complejo que costó 21 millones y está actualmente infrautilizado y con un importante coste de mantenimiento. Este proyecto llevó al abandono de la Torre d’en Pau entre los años 2001 a 2008, cedida al Parc Nacional sin que este realizara la menor actuación en el recinto. Posteriormente se ha recuperado la instalación, estando visitable su parte exterior, pero cerradas hasta nueva remodelación las dependencias subterráneas e interiores.

Vista de la entrada del fortín.

Emplazamiento artillero.

Vista desde el fortín hacia la localización de la primitiva Torre de Sant Albert.

El paso de ronda por el flanco de mar. Entre los montículos que esconden los depósitos de munición se situaban las baterías.

Terraplén y foso.

Interior del fortín. Se aprecia la posición de dos baterías, con el almacén de munición entre ambas, y un acceso a dependencias subterráneas.

Caponera con aspilleras en el flanco de tierra.

Patio de armas subterraneo, con accesos a las dependencias administrativas y alojamientos de la guarnición.

Aspilleras para fusileria en el flanco de tierra, visto desde la caponera.

Patio subterraneo de los polvorines.

La defensa costera de Mallorca (III): De la Gran Armada a la Guerra de los Treinta Años

Como comentamos en el anterior articulo de esta serie, poco antes del envío de la Gran Armada los Jurats de la Ciutat de Mallorca, remitieron a Felipe II consulta referente a la necesidad de remprender los trabajos en las fortificaciones de la Ciutat, sin respuesta. El silencio se mantiene hasta 1595, cuando se dirige un nuevo memorial al rey manifestando la falta de trabajos en las murallas, y la necesidad de estas fortificaciones. Lo hecho se caía por falta de acabado y de mantenimiento, y se solicitaba que se destinase la contribución de la Bula de la Santa Cruzada para las obras de las fortificaciones. La consulta fue transmitida al Consejo de Aragón y de allí se solicitó al nuevo virrey, Ferran de Sanoguera, quien ya había impulsado anteriormente los trabajos en las fortificaciones de Giacomo Fratino en Eivissa, que pasara relación de la fortificación y defensa de Mallorca.

El informe es desolador: la fortificación está en el peor estado que nunca estuvo, que aunque se ha hecho mucho, las aguas llovedizas separan las murallas de las cortinas y caballeros, que antes estaba cerrada la ciudad con muralla buena o mala y ahora está abierta por muchas partes, que lo que falta es dinero, que el secretario de S.M. Andrés de Prada, en 11 de diciembre pasado, había mandado proveer con diez mil ducados, que no habían llegado, y que enviándose estos la ciudad daría otros tantos, que son veinte mil en total, que las necesidades para la defensa en armamento y municiones eran muchas. Tras una relación de dichas necesidades el virrey vuelve a insistir en la necesidad de dotar de dinero a la obra para su término.

La respuesta del secretario solicitó saber en cuanto tiempo y con cuanto dinero se podría poner en buen estado de defensa la ciudad, y la cantidad que sumaban los sueldos de la gente de guerra del Reino de Mallorca. La respuesta no se hace esperar, solicitando 200.000 ducados y dos años de trabajos para ejecutar el diseño de Fratino. Sobre la milicia, esta consta de “entretenidos” cuyo sueldo subía a 200 escudos de a 10 reales. En las obras de la muralla, de acuerdo con el Consejo de Aragón, se llevaban gastados 140.000 ducados.

En septiembre  de 1596 finalmente el rey envía sus 10.000 ducados, y ordena que se destine al capitán Juan Alonso Rubián, entretenido en Eivissa con 35 ducados, a ocuparse de las fortificaciones de Mallorca. Es en este momento que se levantan las dos plantas de Antoni Verger con la traza de Fratino, la primera de las cuales ilustraba el artículo anterior. Ese mismo mes, se remiten las trazas y el informe del virrey por parte de su majestad a Tiburzio Spannocchi quien tenía a su cargo la coordinación de los planes de fortificaciones. Los problemas  económicos seguirán siendo la rutina de las comunicaciones. En 1597 muere el capitán Juan Alonso Rubián, pasando la dirección de las obras a Antonio Saura, con un sueldo de 15 ducados.

Segundo plano de Antoni Verger con la traza de los nuevos baluartes (1596).  Disponible en formato PDF a mayor tamaño en la bitácora Alta Mar

En 1598 al fin llega orden de la Corona, a través del príncipe, por enfermedad de su padre, para aplicar a las obras el dinero procedente de la Santa Cruzada en las islas a la obra de las fortificaciones. El Consejo de Aragón insiste en diversas ocasiones que la traza se ajuste a la ya diseñada, pues el virrey parece ser que tenía otros planes de aumentar las defensas. Esas diferencias se debieron resolver con el viaje de Antonio Saura en 1602 a la Corte para entrevistarse con Spannocchi, a la sazón ya Ingeniero Mayor, quien autorizó los cambios propuestos por Saura para adecuar la obra a las nuevas técnicas de ingeniería militar.

En 1606 morirá el virrey Sanoguera, siendo substituido por Joan de Vilaragut, quien en 1607 propondrá la construcción de la Torre de Portopi, obra que obligó al traslado del faro de Portopí y que sería el embrión del futuro castillo de Sant Carles, aunque su muerte en 1610 le impediría ver la obra concluida en 1612. Vilaragut será también responsable de retomar los trabajos para el desvío de la Riera, un plan presente desde los tiempos de Jaume II de Mallorca. Así el 26 de octubre de 1610 Antonio Saura emitió su informe, a petición del virrey:

Yo he vist y regonagut y tantegat lo que costaría al mudar la Riera que no entre per dins de la Siutat y sa li pot donar aviamente per lo vaill de la nova fortificasio a la part de Santa Catalina y ancara que esats obras solen asar mes costosas de lo ques pensé estas fará en sis ho vuit mil ducats y ancara que costas molt mes conve ques fasa a ser da profit tot lo ques gasta en dita fortificasio y girant se rosta dosa dita Siutat y ab la perfeczio ques dasitja para la custodia y guardia della y aso dich par la speriencia que tench da trenta anys esta part destas hobras y haber ho vist de mos propis huyls a 26 de octubre de 1610. Antonio Saura.

La propuesta fue enviada a la Corte, sin haber constancia de respuesta alguna, y la idea fue retomada por su sucesor, Carlos de Coloma. La obra fue ejecutada entre 1613 y 1618. Este último año se iniciará un conflicto que marcaría la Europa de la primera mitad del siglo XVII: La Guerra de los Treinta Años.

Inspección de armas de una compañía del Regimiento de Voluntarios de Mallorca de 1808 ante el castillo de Sant Carles.

La defensa costera de Mallorca (II): De Lepanto a la Gran Armada

El fin de semana pasado empezábamos a relatar las peripecias de las fortificaciones costeras de Mallorca, partiendo del momento de explosión de la ingeniería militar en Europa, a mediados del siglo XVI. Llegábamos a las puertas de Lepanto (1571), en palabras de Cervantes “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”. Aunque a decir verdad el dominio del Mediterráneo quedó igual que estaba, pues la Sublime Puerta rehízo rápidamente su flota, recuperando en menos de un año las galeras perdidas en Lepanto, y la lucha quedó en una situación de equilibrio inestable, refrendada en 1581 con el final de las embajadas de Acuña y Margliani en una tregua o suspensión de armas entre la Sublime Puerta y la Monarquía Hispánica. El conflicto encendido nuevamente en 1572 en Flandes y la desintegración de la Liga Santa desvían el centro de los conflictos de la Monarquía hacia el norte de Europa una vez más.

Batalla de Lepanto, en la Galería Cartográfica del Vaticano.

El conflicto en Flandes atraerá contra la Monarquía Hispánica a las otras dos grandes naciones de occidente: Francia e Inglaterra. El corso inglés hostigará a las flotas de la Monarquía en todos los océanos, convirtiendo a Drake en héroe para unos y en odioso pirata para otros. En 1587 Francis Drake asalta el puerto y la ciudad de Cádiz, retrasando las operaciones de la Gran Armada destinada a invadir Inglaterra dentro de los ambiciosos planes de Felipe II en la sangrante guerra de Flandes. Este hecho convulsiona a toda la Monarquía, e incluso en Baleares cunde el pánico, pues se rumorea que este será el próximo objetivo del inglés. Pese a que Drake no se acercará a Mallorca, el temor a las naves británicas y francesas se pone de manifiesto en 1598, cuando se avisa a los alcaldes de Alcúdia, Santanyí y otras localidades costeras de Mallorca de la presencia de tartanas francesas y barcos ingleses en las costas de Mallorca.

Plano de Francis Drake en el ataque de Cádiz, en 1587.

Habíamos dejado las defensas de Ciutat revisándose por Giovanni Battista Calvi, quien además de revisar la traza del conde de Cesano, planifica el desvío de la Riera, que debía transcurrir bordeando las murallas hasta el baluarte del Príncipe, justamente en el sentido opuesto al que finalmente seguirá. Calvi también participó, además de en las defensas de Ciutat, del puerto de Maó y del castillo de Sant Felip en Menorca, y de las defensas de Vila en Eivissa, en las defensas de las fronteras del Principat de Catalunya, tanto en el norte, en el Rosselló, donde se alzaba una importante serie de fortalezas abaluartadas de traza moderna (Salses, Cotlliure…), como en su línea marítima. Calvi fallece en 1563 en Perpinyà, revisando sus defensas. Las de Ciutat volvieron a quedar a la espera de un nuevo ingeniero.

Así en 1574 el virrey remitirá al rey, a instancia de los Jurats, la petición de un nuevo ingeniero y de un presupuesto de 20.000 ducados para la ejecución de las obras de la fortificación. Así se designó a Giovan Giacomo Palearo Fratino, conocido como el capitán Fratín o “El Fratín”. Del presupuesto solicitado no se dio respuesta, de momento.

Fratín había participado ya en diversos proyectos de fortificación en Cerdeña, Malta, Sicilia, y había sido destinado a la traza de la ciudadela de Pamplona, desde donde revisó también ls defensas de San Sebastián y Ondarribia. Durante el tiempo de su estancia en Mallorca revisó también defensas en Menorca y Eivissa, correspondiéndole la traza última del castillo de Sant Felip en Menorca,  criticando las defensas de Calvi en Maó, y realizando la definitiva traza de las defensas de Vila en Eivissa. Participó también en defensas en Cullera, Valencia, Alicante y Denia. Posteriormente volvería a Cerdeña y Pamplona, así como intervendría en diversas plazas costeras del norte de África y como jefe de ingenieros en la conquista de Portugal, revisando las fortificaciones de la costa y del Tajo. Antes de partir dejó por escrito, fechado a 20 de octubre de 1575 una Memoria de lo que se ha de fazer en la fortificación de Mallorca durante mi ausencia.

 La obra se había iniciado el 25 de enero de 1575, con el  disgusto del gobierno de la Ciutat, pues la obra de Fratín subiría a más de los 20.000 ducados, y se había exigido por parte del ingeniero el pago de 6.000 ducados para su inicio, que se había llevado a cabo sin informar del mismo a los Jurats. El importe había crecido no solo por el coste de las obras propiamente, si no que se había añadido el de importantes expropiaciones de tierras fuera de las murallas medievales para dar cuerpo a las estructuras defensivas, coste que los Jurats no habían considerado en su primer presupuesto.

En 1578 vuelve Fratín a revisar las obras, incluyendo la tarea de revisar la fortificación de Bellver, para donde propone  que “se fortifique y se derribe el castillo viejo para que el enemigo no se apodere de él pues el sitio por su naturaleza es bastante para ofender y poner en grande peligro de perderse la ciudad”.  Afortunadamente el dinero marcaba prioridades y a los Jurats les interesó más fortificar la Ciutat que no derribar Bellver.

En 1584 toma el mando de las obras el hermano menor del Giacomo Fratino, Georgio Palearo Fratino, quien mantiene consultas con su hermano sobre la traza y su ejecución.  A la muerte de “El Fratín” en 1586, en Pamplona, el rey encarga a Giorgio la conclusión de las obras de esa ciudadela, falleciendo allí en 1589, y quedando nuevamente Mallorca sin ingeniero que dirija las obras.

En este estado, el 9 de enero de 1587 se eleva consulta al rey, informando que de los nueve baluartes previstos hay en estado de defensa solo cinco, pero faltos de “afforro”, corriendo peligro de ruina, tras gastar en ellos nada menos que 200.000 ducados.  Pero el rey estaba más preocupado por los preparativos de su Gran Armada…

Plano de Antoni Verger con las trazas de los baluartes del capitán Fratín, las murallas medievales y el curso de la Riera (1596)

Fuentes:

Fortificaciones costeras de Mallorca, de Juan González de Chaves Alemany (Palma, 1986). Editado por Colegio Oficial de Arquitectos de Baleares.

I Centenari de l’Enderrocament de les Murades de Palma 1902-2002, de varios autores (Palma, 2004). Editado por Ajuntament de Palma. Servei d’Arxius i Biblioteques.

La defensa costera de Mallorca (I): De la Escuela de Artilleria a Lepanto.

Me permitirán que empiece con uno de mis temas favoritos: la defensa costera.

Hace algún tiempo, con ocasión del viaje de un buen amigo a Cerdeña, tuvimos una interesante charla a través de twitter sobre las torres de defensa costera en los reinos de Cerdeña, Valencia y Mallorca bajo los Austrias, cuando estos lugares eran, junto con Sicilia y los presidios en el norte de África, piezas clave en el dominio del Mediterraneo Occidental, continuamente amenazados por la piratería berberisca y de la Sublime Puerta. Evidentemente Twitter no da para explicar en 140 caracteres gran cosa de la situación y la planificación militar de aquella época. Pueden considerar esto una ampliación a esa conversación.

Para ello nos situaremos en la mitad del siglo XVI. La fecha no la escogemos al azar. En 1559 la Universitat formaliza la creación de una Escuela de Artilleria,al mando del cabo maestre Diego Villegas, vizcaíno, convirtiendose en la segunda Escuela de Artilleria de la Corona de Aragón, junto con la de Barcelona, y la cuarta de la Monarquía Hispánica, junto con Milán y Burgos, teniendo la función de “enseñar la artilleria a la gente del pais”. De esta Escuela surgió el manual de artillería más antiguo de la Corona de Aragón, el Tractat del Bon Artiller.

Tractat del Bon Artiller

A este tratado le seguirán otros muchos. En 1640, por ejemplo, el manual llamado Theoria y Practica del Art de Artilleria que seguexen y uzan los Artillers de la Universitat del Regne de Mallorcas, que se inicia así:

Quinas parts ha de tenir un home per esser Artiller? Ha de esser un home condret de mans i peus, home de bona vista, y bon judici pera saber usar compte, raho, pes y mesura, que son quatre cosas, en ques contè lo Art de Artilleria.

Que cosa es Artillaria? Una pessa, moltes pessas ab sos encaualcaments y aparells.

Que cosa es Artiller? Un home, qui enten lo Art dela Artilleria.

Perque es diu Artiller? Perque un home ab una pessa, ab Art tira.

Theoria y Practica del Art de Artilleria

La Escuela de Artilleria de Mallorca  fue célebre por la calidad de sus artilleros hasta su desparición en 1715, cuando, en el marco de los Decretos de Nueva Planta se centralizó la enseñanza de la artilleria en las Escuelas de Matematicas de Cadiz y Barcelona. Con motivo del asedio de Barcelona en 1714 concurrió a la defensa de la ciudad una compañía de 100 artilleros los cuales hicieron tales tiros que según los oficiales del ejército sitiador «de cada veinte disparos al menos dieciséis hacían explosión a la altura debida para obtener mayor eficacia mediante unas espoletas a tiempos hechas con tubos de madera».

Volvamos a 1559, ese mismo año firman Felipe II, Enrique II e Isabel I la Paz de Cateau-Cambresis, donde se configura el status-quo europeo durante casi un siglo, hasta la Guerra de los Treinta Años y su desenlace final en la Paz de Westfalia. El año anterior la abdicación de su  padre causa que Felipe II quede alejado definitivamente del Imperio y la muerte de Maria Tudor aleja las posibilidades de una alianza con Inglaterra para el control del Mar del Norte. Por un momento la Monarquía vuelve sus ojos al Mediterraneo.

Lamentablemente a Felipe II no le salen bien las cosas. En 1560 reocupa Djerba, con las trobas al mando del virrey de Sicilia, el Duque de Medinaceli, pero la flota otomana, comandada por Pialí Bajá y Turgut Reis (más conocido en Mallorca como Dragut) sorprende a la cristiana, destrozando la mitad de la flota. Otro conocido de los mallorquines, Andrea Doria, iba en la armada cristiana, al mando de su sobrino Giovanni Andrea Doria, y escapó en una pequeña embarcación para morir poco después, con casi 94 años. Al año siguiente los turcos asaltan Sóller, y cinco años después tiene lugar el Gran Sitio de Malta. Los otomanos alzanzan su mayor dominio en el Mediterraneo, en una situación que no sufrirá grandes cambios hasta 1571 y el éxito de Lepanto.

En este marco se situan las últimas intervenciones en la muralla medieval de Ciutat. Carlos V da orden de enviar un ingeniero, a lo que da cumplida cuenta Don Ferrante Gonzaga, gobernador de Milán, con la partida del Conde Hugo de Cesano. Este hizo una primera traza, con tres bastiones abaluartados y un castillo en la zona de la actual barriada de Santa Catalina, dominando la muralla de mar. Paerce ser que el Conde Hugo murió poco después y se solicitó un nuevo ingeniero, que resultó ser el italiano Giovanni Battista Calvi, quien revisó lo ya trazado, actualizándolo a una ciencia que en esa época esta en plena efervescencia, pero sin acabar de plantear una muralla moderna.

La Monarquía destinará entre 1564 y 1568 la friolera de 36.000 ducados al refuerzo de su estructura militar en Balears. Por esa misma época se estima que la construcción de una torre de defensa podía costar la cantidad de 200 libras, pero la cantidad es relativamente pequeña en comparación a los 4.000.000 de ducados dedicados a los gastos militares de la Monarquía, de los cuales se estima de la mitad se dedicaban a España, el Mediterraneo y Flandes, y considerando los grandes gastos que habian de acarrear las defensas de Ciutat e Eivissa, que configuraron dos de los recintos fortificados más destacables del Mediterraneo occidental.

A finales de siglo el clérigo, matemático y cronista manacorí Joan Binimelis establecerá la ordenanza que reguló durante un par de siglos el sistema de señales seguido en la defensa costera de Mallorca, avisando a sus pobladores de cualquier incursión contra la isla, y centrado en la Torre de l’Àngel de la Almudaina, desde donde la autoridad militar podía ser capaz de dar socorro.

D. Joan Binimelis i Garcia

Recorrido de las señales costeras de Mallorca

Fuentes:

Fortificaciones costeras de Mallorca, de Juan González de Chaves Alemany (Palma, 1986). Editado por Colegio Oficial de Arquitectos de Baleares.

L’exercit mallorquí de la fi de l’edat mitjana a la seva desaparició, de Antoni I. Alomar i Canyelles (Palma, 1998). Editado por Edicions Documenta Balear.

I Centenari de l’Enderrocament de les Murades de Palma 1902-2002, de varios autores (Palma, 2004). Editado por Ajuntament de Palma. Servei d’Arxius i Biblioteques.

Los Soldados del Rey. Los ejércitos de la Monarquía Hispánica (1480-1700), de Enrique Martínez Ruiz (Madrid, 2008). Editado por Actas Editorial.

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